La raya verde
Salomé Cuesta Varela
2o26
On the occasion of the show La raya verde (continuous scratch test)
On the occasion of the show La raya verde (continuous scratch test)
Experimentar hoy con dispositivos obsoletos como proyectores de 16 mm, Super 8 o tecnologías óptico-analógicas aporta a las prácticas artísticas una conciencia material y crítica sobre la producción de las imágenes. En un contexto dominado por la transparencia de las pantallas digitales —imágenes invisibilizadas en su propia fluidez— estos dispositivos hacen perceptibles los mecanismos de producción de la visualidad: luz, tiempo, mecánica, fragilidad, latencia, desgaste o imperfección. Trabajar con estas tecnologías ayuda a comprender que las imágenes no son entidades abstractas ni inmateriales, sino construcciones técnicas y culturales que condicionan nuestra percepción; por un momento, dejamos de consumir imágenes de manera automática para preguntarnos cómo se producen, qué dispositivos las hacen posibles y qué formas de atención generan. Esta es la experiencia que introduce la exposición La Raya Verde de Regina Rivas y Bruno Delgado, una dimensión experimental de las tecnologías de la visión que evidencian y señalan aspectos fundamentales que no debemos olvidar: la importancia de aprender no solo a mirar las imágenes, sino a leer sus condiciones de aparición.
Las instalaciones presentadas en la exposición La Raya Verde pueden leerse como una reactivación —crítica y situada en el presente— de algunas intuiciones sobre la imagen, la técnica y la experiencia de Walter Benjamin. Estas operaciones desestabilizan el régimen tradicional de la imagen dado que no hay primacía de la forma sobre el soporte, ni de la representación sobre el proceso. La imagen acontece en la interacción entre máquina, materia y tiempo. En este sentido, la exposición puede leerse como una arqueología activa de medios obsoletos que no reconstruye imágenes de un pasado, sino que reactiva condiciones de posibilidad para pensar la imagen hoy.
La Raya Verde puede entenderse también como una reformulación de aquello que José Luis Brea identifica en Las tres eras de la imagen como “visiones de un ojo técnico”: el momento en que ver deja de ser una facultad exclusiva de los sujetos para convertirse en una operación delegada a dispositivos técnicos capaces de capturar y producir imágenes. Parafraseando estas premisas, el proyecto de Regina Rivas y Bruno Delgado no se limita a utilizar máquinas de ver, sino que las coloca en el centro mismo de la experiencia, evidenciando que con su aparición no solo cambian las imágenes, sino el propio régimen de la visualidad. Ver, aquí, ya no es un acto transparente ni inmediato, surge del resultado de una serie de mediaciones materiales —ópticas, fotoquímicas, lumínicas— que desplazan la experiencia a un nuevo escenario.
En este sentido, La Raya Verde asume que la irrupción del ojo técnico implica una transformación profunda: lo visible ya no remite a una interioridad ni a una profundidad simbólica, sino que se afirma como superficie. Las películas de 16 mm y Super 8, los proyectores o las instalaciones no construyen imágenes como ventanas a un mundo, sino como planos de inscripción donde la materia se hace visible en su exterioridad. La emulsión rayada, la luz que incide en la pantalla, todo se despliega en la superficie, en un plano radical que no busca representar, sino exponer. No hay escena que mirar, solo un proceso que acontece.
Desde esta perspectiva, el espectador que observa queda también desplazado. Si el ojo técnico introduce un “punto ciego” —un inconsciente óptico— aquí, esa ceguera se radicaliza dado que quien mira difícilmente va a prever lo que aparece. En ningún caso la imagen está garantizada, depende de condiciones materiales y temporales que exceden la voluntad del espectador. La aparición de la raya verde o del rayo verde no puede anticiparse ni reproducirse a demanda. Se requiere una atención distinta: no la de quien contempla una representación, sino la de quien espera un acontecimiento.
En este desplazamiento, se desactiva también la vieja arquitectura de la representación, aquella que organizaba el espacio visual en torno a un sujeto que se reconoce viendo. En La Raya Verde no hay lugar para esa reflexividad clásica —nadie se ve viendo. En su lugar, lo que emerge es una relación inestable, en la que la imagen se presenta como efecto de un sistema técnico-material que opera con relativa autonomía. El espectador ya no está en el centro, no dispone de un punto fijo desde donde mirar, ver y ser visto, ahora se sitúa en el umbral.
Al mismo tiempo, el proyecto reabre otra cuestión: la temporalidad. La superficie de la imagen no es homogénea ni neutra. Cada rayado, cada exposición a la luz, cada repetición deja una huella irreversible poniendo en evidencia que la imagen es vulnerable, cambiante, sometida a procesos de transformación. Esta dimensión temporal se hace especialmente evidente en la relación con el fenómeno del rayo verde como instante liminar que solo aparece bajo condiciones muy específicas, en el tránsito entre el día y la noche. La exposición adopta esta lógica: las imágenes no están siempre disponibles, sino que surgen en momentos concretos.
Podríamos decir que en la exposición La Raya Verde se desplaza la noción de “ojo técnico” desde un dispositivo de captura hacia un dispositivo de espera. No se trata tanto de producir imágenes como de generar las condiciones para que algo pueda aparecer. Frente a la inmediatez y la transparencia de la imagen contemporánea, propone opacidad y latencia; frente al registro, el acontecimiento; frente a la imagen como superficie cerrada, una superficie en proceso, abierta a la incidencia del tiempo y a la transformación de la materia.
En última instancia, el proyecto nos sitúa en un punto de inflexión: ahí donde ver ya no consiste en reconocer lo que se muestra, sino en atender las condiciones —siempre inestables— en las que algo llega, por un instante, a hacerse visible.
Sin duda que no es que lo pasado venga a volcar su luz en lo presente, o lo presente sobre lo pasado, sino que la imagen es aquello en la cual lo sido se une como un relámpago al ahora para formar una constelación. Dicho en otras palabras: imagen es la dialéctica en suspenso.
Walter Benjamin
Las instalaciones presentadas en la exposición La Raya Verde pueden leerse como una reactivación —crítica y situada en el presente— de algunas intuiciones sobre la imagen, la técnica y la experiencia de Walter Benjamin. Estas operaciones desestabilizan el régimen tradicional de la imagen dado que no hay primacía de la forma sobre el soporte, ni de la representación sobre el proceso. La imagen acontece en la interacción entre máquina, materia y tiempo. En este sentido, la exposición puede leerse como una arqueología activa de medios obsoletos que no reconstruye imágenes de un pasado, sino que reactiva condiciones de posibilidad para pensar la imagen hoy.
La Raya Verde puede entenderse también como una reformulación de aquello que José Luis Brea identifica en Las tres eras de la imagen como “visiones de un ojo técnico”: el momento en que ver deja de ser una facultad exclusiva de los sujetos para convertirse en una operación delegada a dispositivos técnicos capaces de capturar y producir imágenes. Parafraseando estas premisas, el proyecto de Regina Rivas y Bruno Delgado no se limita a utilizar máquinas de ver, sino que las coloca en el centro mismo de la experiencia, evidenciando que con su aparición no solo cambian las imágenes, sino el propio régimen de la visualidad. Ver, aquí, ya no es un acto transparente ni inmediato, surge del resultado de una serie de mediaciones materiales —ópticas, fotoquímicas, lumínicas— que desplazan la experiencia a un nuevo escenario.
En este sentido, La Raya Verde asume que la irrupción del ojo técnico implica una transformación profunda: lo visible ya no remite a una interioridad ni a una profundidad simbólica, sino que se afirma como superficie. Las películas de 16 mm y Super 8, los proyectores o las instalaciones no construyen imágenes como ventanas a un mundo, sino como planos de inscripción donde la materia se hace visible en su exterioridad. La emulsión rayada, la luz que incide en la pantalla, todo se despliega en la superficie, en un plano radical que no busca representar, sino exponer. No hay escena que mirar, solo un proceso que acontece.
Desde esta perspectiva, el espectador que observa queda también desplazado. Si el ojo técnico introduce un “punto ciego” —un inconsciente óptico— aquí, esa ceguera se radicaliza dado que quien mira difícilmente va a prever lo que aparece. En ningún caso la imagen está garantizada, depende de condiciones materiales y temporales que exceden la voluntad del espectador. La aparición de la raya verde o del rayo verde no puede anticiparse ni reproducirse a demanda. Se requiere una atención distinta: no la de quien contempla una representación, sino la de quien espera un acontecimiento.
En este desplazamiento, se desactiva también la vieja arquitectura de la representación, aquella que organizaba el espacio visual en torno a un sujeto que se reconoce viendo. En La Raya Verde no hay lugar para esa reflexividad clásica —nadie se ve viendo. En su lugar, lo que emerge es una relación inestable, en la que la imagen se presenta como efecto de un sistema técnico-material que opera con relativa autonomía. El espectador ya no está en el centro, no dispone de un punto fijo desde donde mirar, ver y ser visto, ahora se sitúa en el umbral.
Al mismo tiempo, el proyecto reabre otra cuestión: la temporalidad. La superficie de la imagen no es homogénea ni neutra. Cada rayado, cada exposición a la luz, cada repetición deja una huella irreversible poniendo en evidencia que la imagen es vulnerable, cambiante, sometida a procesos de transformación. Esta dimensión temporal se hace especialmente evidente en la relación con el fenómeno del rayo verde como instante liminar que solo aparece bajo condiciones muy específicas, en el tránsito entre el día y la noche. La exposición adopta esta lógica: las imágenes no están siempre disponibles, sino que surgen en momentos concretos.
Podríamos decir que en la exposición La Raya Verde se desplaza la noción de “ojo técnico” desde un dispositivo de captura hacia un dispositivo de espera. No se trata tanto de producir imágenes como de generar las condiciones para que algo pueda aparecer. Frente a la inmediatez y la transparencia de la imagen contemporánea, propone opacidad y latencia; frente al registro, el acontecimiento; frente a la imagen como superficie cerrada, una superficie en proceso, abierta a la incidencia del tiempo y a la transformación de la materia.
En última instancia, el proyecto nos sitúa en un punto de inflexión: ahí donde ver ya no consiste en reconocer lo que se muestra, sino en atender las condiciones —siempre inestables— en las que algo llega, por un instante, a hacerse visible.
Working today with obsolete technologies such as 16 mm projectors, Super 8 film, and optical-analog devices offers artistic practice a material and critical awareness of how images are produced. In a context dominated by the apparent transparency of digital screens—where images disappear into the seamlessness of their own circulation—these technologies render the mechanisms of visual production perceptible: light, time, mechanics, fragility, latency, wear, and imperfection. Working with them reveals that images are neither abstract nor immaterial entities but technical and cultural constructions that shape perception itself. For a moment, we stop consuming images automatically and begin instead to ask how they are made, what apparatuses make them possible, and what forms of attention they demand. This is the experience proposed by La Raya Verde by Regina Rivas Tornés and Bruno Delgado Ramo: an experimental investigation into technologies of vision that foregrounds essential questions too easily forgotten—the importance of learning not only to look at images, but also to read the conditions of their appearance.
It's not that what is past casts its light on what is present, or what is present its light on what is past; rather, image is that wherein what has been comes together in a flash with the now to form a constellation. In other words: image is dialectics at a standstill.
Walter Benjamin